Pedaleando Poesía en Córdoba

Publicada en

Nace diciembre y un antiguo viaje está por comenzar. Me voy a Uruguay, el país hermano de nuestro oriente. Doce años atrás un amigo rosarino me contagió la pasión por la música uruguaya, por la murga. Y me enamoré. Me convertí en un glotón de saludos y retiradas, de cuplés y canciones finales, integré una murga loca, “La Marsupia”, que anduvo por las calles cordobesas cantando y bailando un tiempo. Desde entonces vivo con el sueño de vivir el carnaval uruguayo que, por h o por b, siempre postergo. Pero no este que se viene. Diciembre nace y me encuentra a punto de arribar a tierras orientales para ser la geografía de mis pedaleadas y emociones.

Murga la Marsupia
Murga “La Marsupia”, allá por el año 2006


Pedaleando Poesía

A veces tengo brotes creativos que duran unos días o semanas, en donde no puedo parar de hacer. Unas veces es música, otras palabras, las menos dibujos. Pero siempre son períodos cortos, que culminan de un día para el otro, así como iniciaron. Y noviembre fue de poesía. O de intentos poéticos, mas bien. Todos los días amanecía con una palabra o una frase quemándome en la boca y me brotaba una necesidad imperiosa de escribir, de soltar y soltar lo que me venía a la cabeza. Entonces comencé a publicarlas en Facebook, a muchas personas les gustó y así fue que nació la idea de armar un pequeño libro artesanal que abrazara esas palabras. Y se llamó “Pedaleando poesía”, librito que afortunadamente está viajando por varias manos y lo seguirá haciendo.

Pedaleando Poesía Marcelo Guerrero

Seguir rodando

También noviembre fue rodar otro pedacito de mi Córdoba hermosa. Salí de Saldán con rumbo sur y la idea de andar por el Valle de Calamuchita. En Carlos Paz me recibió Andrea y su familia, que si andan por aquella ciudad no se pierdan de visitar su librería que es beeeella y dan ganas de llevarse todo. Llegué a San Antonio de Arredondo y tomé un camino de ripio, conocí Las Jarillas y tomé el camino de asfalto que me llevó a Bosque Alegre, donde hay que subir y subir y subir para llegar al Observatorio , y recién ahí poder suspirar la bajada. Pasé por Falda del Carmen y como flecha entré a Alta Gracia donde me recibieron Ana y Pablo, una pareja hermosamente loca. Conté cuentos en muchos lugares estos años y a veces en situaciones poco convencionales, pero uno tiene que andar con Ana para desparramar cuentos en los ámbitos más insólitos. Por ejemplo, el supermercado. Las góndolas fueron el escenario perfecto para sorprender a oyentes imprevistos que recibían las historias con una asombrada alegría, porque con Ana al lado siempre ocurre lo mismo. Y Pablo no se queda atrás, ya que me ayudó a pensar cómo seguir la ruta y hasta pedaleó con bici cargada y terca la cuesta del Águila, saliendo de La Serranita.
Pasé por los Reartes, Villa General Belgrano, acampé en Santa Rosa de Calamuchita. La región de los Grandes Lagos me abría las puertas y Anahí me recibió en Villa del Dique, mostrándome secretos escondidos de ese bello pueblo. Crucé Embalse de Rio Tercero y llegué a La Cruz donde Vilma me abrió las puertas de CasaCuento. Ahí, en ese rinconcito mágico y cuentero lleno de duendes que te susurran historias, de brujas que se te aparecen en los lugares más inesperados y de un silencio cargado de abrazos, ahí entendí que tenía que cambiar el rumbo de la pedaleada. Porque en el Valle de Punilla estaba iniciando el segundo encuentro de cuenteros y escuelas de cuentería, el “Oíd Mortales 2016”. Y con tanta gente linda llegada de Argentina, Bolivia y Uruguay, cómo iba a perderme semejante espacio compartido. Así que volví y arribé a Huerta Grande una calurosa tarde de sábado para abrazar a mis amigos y escuchar cuentos y cuentos y cuentos.

10314017_1685358378381848_274735982455308874_n

dsc00751

Irme de Córdoba

Estoy otra vez en Córdoba capital. Esta ciudad que me amarra, que no quiero soltar. Por eso si venís a vivir a Córdoba, tenés que saber algo importante:
No te ilusiones.
Capaz ventilás tu valentía a los cuatro vientos, “vengo unos años a estudiar”, “Un mes y sigo viaje”, “me voy a recorrer el mundo”… Mirá cómo me río 😀
Porque te costará mucho irte de esta ciudad, que no amarra como el hambre (como el puerto chileno), sino que enfiesta como ninguna.
Así es Córdoba, por eso no te ilusiones con irte así nomás. Porque los únicos que salen de esta tierra haciéndose los campeones, los superados, los aún felices, son los cobardes que no se animaron a vivirla.
Escuchaste ese texto que dice “Morite de amor cagón”? Bueno, podés venir y Córdoba te lo hace realidad.
Porque siempre habrá una Nadina que se prenda a joda aunque le de fiaca.. o siempre hay un Martín que agite a una previa de sábado a mediodía. Y siempre tendrá una Liliana que te invite a su cumpleaños como si te conociera de la vida entera, o un tocayo que organice despedidas de año nivel “vengan todos los que quieran“… Siempre Córdoba te va a sorprender con una Corina que te prepare alto guiso y no se haga rogar para la caravana, o un grupo de cuenteros y cuenteras que te rompa la noche a puro cuento.
Te lo repito, no te ilusiones con venir por unos días, sino preguntale a Maíra. Te temblará la voz de solo pensar en decir chau, y llorarás a chorros, a lágrima viva tu despedida. Te lo repito, no te hagas ilusiones porque sino tendré que etiquetar a cientos y cientos de personas que hacen de mi Córdoba el mejor lugar del mundo.
Pensalo bien. Y si te tomás ese fernet, acompañado al menos del aroma choripanero de sábado cuartetero, o de falda de viernes al mediodía al cordón de la vereda, animate. Morite de amor por esta ciudad y esta gente. Hacele el amor antes de irte, que si pudiste entregarte a ella sin mentiras y caretas, terminarás tomando una cerveza en “Y Manolo?” con quien compartiste la cama y la piel, a pura risa y sin después.
Y cuando te vayas, si es inevitable, feliz de vos si te escapás del bar de la despedida, corriendo peatonales con los brazos en alto y llorando mares.

Pero también puede pasarte que entre tanto agite, tanto fernet, tanta chacarera y tunga tunga, pierdas la cabeza. Y hagas estupideces que nunca pensaste hacer. Que llevado por el frenesí apasionado de la noche termines lastimando a quien más te quiere, a quien por vos siente un amor puro. Porque querrás volver el tiempo atrás y eso es imposible. Porque querrás explicarle a todo el mundo que no lo hiciste intencionalmente y nadie te creerá. Porque pedirás perdón inutilmente, porque esa palabra no te liberará de la culpa. Porque querrás irte, pero el dolor será lo primero que guardes en la mochila. Entonces Córdoba se hará un laberinto interminable y cada intento de salir será un nuevo golpe a todo lo que construiste. Porque hará falta tiempo para sanar las cosas y nunca serás dueño de ese reloj.

Ojalá que nunca te pase.

Y ojalá nunca tengas que estar del otro lado, que no tengas que llorar de dolor en los mismo lugares donde reíste y bailaste. Ojalá no tengas que sufrir esa cara de Córdoba, esa cara de ciudad malditamente pequeña, asfixiante, sucia y desleal, igualita a quien te parte el corazón.

Córdoba

  • Fer Ramirez

    Espero algún día visitar Córdoba, me da gusto que noviembre te haya pintado de maravilla y seguiré esperando tener en mis manos “pedaleando poesía”. Saludos Marce y que diciembre sea mucho mejor. 😊