Sabor a pan – Mi primer espectáculo para adultos

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Me encanta comer pan.

Ahora que saben ese dato, sigo. Cuando empecé a contar cuentos agarré para el lado infantil. Por experiencia de docente, porque me salía fácil el humor, las voces, los efectos especiales, el acompañar con música… Así fui creando varios espectáculos para niños, sin embargo el público adulto era una deuda pendiente. Tenía un par de cuentos sueltos para zafar, en festivales contaba para adultos, pero eran historias que también los niños podían escuchar. Me faltaba un “espectáculo para adultos” en toda regla. Con sexo-drogas-rock&roll, con enredos políticos, con misterios intrincados y literatura “seria”. Pero no había caso che, los cuentos no aparecían. Y si aparecían, me costaba un infierno contarlos. Hasta que llegó “Sabor a pan“.

En septiembre del 2014 invité a un grupo de amigos y amigas a una tarde de cuentos donde presentaría este nuevo espectáculo. Me aseguré que no hubieran niños. Me aseguré de que hubiera mucho pan y cosas ricas. Y esa tarde llegó, se llenó de cuentos, amigos, mate para pelear el frío y la sensación en mí que algo había nacido. Sabía que lo que había contado aquella tarde ni se acercaba a lo que quería como espectáculo, pero existía un hilo de dónde tirar.

Y tiré. 

Hoy, “Sabor a pan” tiene dos canciones y tres cuentos. Canciones que canté poco y cuentos que conté mucho.

Tres cuentos, tres panes

Los conté tantas veces que tuve miedo de estar haciéndolo demasiado. Sentía que en cualquier momento me dirían “¿Otra vez el cuento del pan?” “Aprendé otros cuentos, amargoo!!“. Pero de a poco, despacito (sí, yo también la leo cantando), fui entendiendo cómo funcionaba mi cabeza y mi emoción a la hora de hacer crecer un cuento. Y entiendo que no puedo trabajar en mis historias sin un público presente, sin una situación de cuentería verdadera. No puedo preparar mis cuentos frente a un espejo, ni en un taller, ni en la calle: necesito contar para otros, y de verdad. Entonces, me relajé y evité la presión del “otra vez el mismo cuento“, y fui contando las tres historias cada vez que podía. Para distintos públicos, desde escuela primaria hasta hogares de ancianos. Les cambiaba los personajes, los paisajes, las épocas. Los contaba más largos, más cortos, más exagerados, más íntimos. Los llevaba conmigo a viajar y los desafiaba en cada contada. Así fueron creciendo hasta llegar a formar parte vital de “Sabor a pan“.

Sin embargo, no sólo mis cuentos crecían. También lo hacía yo. Y a medida que las experiencias que iba teniendo en mi vida me acercaban al mundo adulto, más maduraban mis cuentos. Comencé a sentir lo que le ocurría a mis personajes, los miedos, la soledad, el amor, las pasiones, las diferencias sociales, las injusticias, las alegrías. Comencé a ver el mundo con nuevos ojos, a relacionarme de una manera diferente y mis historias se empaparon de ello.

Mayo de 2017. Presenté “Sabor a pan” en el Centro Cultural Graciela Carena, casi tres años después de su nacimiento. Y mucho cambió. Sino preguntenlé a Martín Cabrera, quien lo vio nacer y lo ve crecer. Cambió la estructura, cambiaron los cuentos, cambió el contenido. Les cuento un ejemplo de tanto cambio: Martín se acerca terminada la función y me dice: “no puedo creer la cantidad de contenido homosexual que tiene el espectáculo!” Y es que sí. En los tres cuentos hay amor: entre un panadero y un profesor de historia, entre una modista y su novia, entre el hijo del panadero de un pueblo y la hija del panadero del otro pueblo. Y aunque la orientación sexual de los personajes no es el contenido central, me interesaba mucho que hubiese más diversidad en ese tema, que mi espectáculo se acercara un poquito más a una sociedad real y diversa (gracias Sense8, sin vos imposible).

Los tres cuentos poco se parecen a los originales, salvo en su estructura argumental. Tuve una falta total de respeto a sus autores (Jürg Schubiger “El gran pan” y Michael Tournier “La leyenda del pan”), despanzurré sus cuentos, los dejé en puro esqueleto y les puse la carne y la piel que se me dio la gana. La tercera historia “El olor del pan” es de tradición oral, y como mantengo por completo su estructura, creo que el pecado es más leve. Estas historias caminan conmigo hace rato y han aprendido a contarme, así como yo aprendí a entender qué hay en ellas digno de ser contado. Es un camino que anduvimos lento, donde a veces los pasos fueron acertados y a veces no. Anduvimos en Córdoba, Rio Cuarto, Buenos Aires, Chile, Bolivia, Uruguay, Colombia y México, y siempre el pan y siempre una manera diferente, pero a la vez igual, de encontrarnos en el sabor compartido. Es un camino donde tres cuentos van abrazados conmigo y creciendo. Hoy llegaron a ser quienes de verdad son y están ansiosos de salir a buscar orejas dispuestas a escucharlos.

Las dos canciones

Con ellas pasa algo diferente. Nacen por capricho y por miedo. Capricho de querer nacer a último momento, horas antes de la función. Y miedo de que el espectáculo sólo de cuentos no emocione, aburra, se quede corto. La primera, “Sabor a pan” (sí, no se me ocurrió otro nombre más original), nació en Santa Marta, Colombia, en la terraza de un hostel precioso y con una brisa marina que te acariciaba como el cabello de una sirena envuelta en espum…. perdón, sigo contando. Nació la canción horas antes del espectáculo, con la firme intención de hacerse oír en oídos colombianos. Y así fue.

 

La segunda, “Cumbia del pan” (¿a todo le vas a poner la palabra pan?? SÍ!!!), pidió nacer 18 horas antes de la función, en una casa ruidosa de Saldán, Córdoba. Sabía que había una canción acá dentro, pero todavía quedaba mucho por preparar para la noche, así que le dije: “vas a salir, pero si te acomodás en una décima“. Y salió nomás! Y se cantó para abrir el espectáculo.

Con las canciones aún me sucede así. Salen de golpe y no puedo hacer nada para detenerlas. Después toca hacerlas crecer, madurar, darles tiempo, pero siempre cantarlas.

 

Resumiendo

Tengo un espectáculo para adultos. Y poder decirlo me pone muy contento. En él se come pan, con los ojos, con los oídos, con la boca, con la nariz, con las manos. Es un espectáculo donde te vas a reir de golpe, donde te vas a emocionar lentamente. Es un espectáculo que, gracias a mucha gente y a muchos espacios, ha madurado y puede demostrarlo. Por eso, acercate la próxima, te prometo que después el pan sabrá distinto.

 

  • Veronicaines1986@gmail.com

    Felicitaciones, que la lucha por lo que amas te de siempre, siempre el mayor de los exitos por siempre.

    • Marcelo

      Gracias Vero! A eso vamos!