TODO NACE (UNA INTRO NECESARIA)

Cuando iba a tercer año del secundario mi profesora de Geografía nos propuso elaborar una monografía: relieve, hidrografía, población y turismo a partir de un recorrido imaginario por una ruta nacional. ¿Opciones? La RN3, la RN34 o la RN40; pudiendo realizar el viaje en un medio de transporte a elección personal. Cuando descubrí que la RN40 atravesaba todo el país a lo largo, que iba de Ushuaia a La Quiaca, que era una especie de columna vertebral de un país que invitaba a ser viajado no lo dudé y fue mi elección. ¿El medio de transporte? La bicicleta.

Por ese entonces la bici, además de ser mi único vehículo, era objeto de mi fascinación. Pedaleaba todos los días, aprendía la mecánica, compraba revistas especializadas, imaginaba viajes... Supongo que heredé ese amor por las dos ruedas de mi papá, un ciclista amateur rutero que recorrió gran parte de Córdoba en su juventud.

Fue por ello que la monografía que escribí contaba el recorrido de un viajero que, con sus dos alas redondas (como dice Queyi), atravesaba el país y describía relieves, cruzaba ríos, conocía su gente y su cultura. Aquellas palabras nacieron del ver fotos, leer artículos, buscar en internet e imaginar mucho. Hoy están perdidas, los años se las llevaron quien sabe dónde; papeles que algún viento echó a volar para dejar en mi memoria sólo el recuerdo del trabajo, la visión de la carátula, la intuición sobre la extensión de lo escrito... Lo que no se perdió, sino que maduró secretamente, es el deseo de viajar y de concretar aquel camino que un día fue de papel y tinta.

 

2009

 

AUNQUE NO VIAJÉ SÓLO EN BICI…

Al no contar con la posibilidad de trasladar bici y equipo a La Quiaca o a Ushuaia, el objetivo a principio de 2016 era recorrer Córdoba y luego ir trazando una ruta que me permitiera atravesar el resto de las provincias argentinas, tomando caminos principales y caminos perdidos. Pero (porque si no hay “pero” no hay cuento) continué participando de distintos festivales de cuentería y ferias del libro, por lo que el viaje comenzó a tener una dinámica de pelotita de ping-pong: así que paso a paso, semana a semana, día a día fui pedaleando y contando, lento, muy lento.
Sin embargo, la idea no fue recorrer por recorrer. Llevé un montón de cuentos y canciones para compartir en los pueblos y las ciudades que atravesé. Pedaleé cargando mi valija cuentera y mi bichito cordobés realizando espectáculos de narración oral para todos los públicos, donde disfrutamos con grandes, adolescentes y chicos del arte que amo, del arte en el que creo, del arte que me trasciende por dentro. 

Así fue que hice este recorrido cuentero: Unquillo, Rio Ceballos, Salsipuedes, Villa del Totoral, Villa Tulumba, Cerro Colorado, Caminiaga, San Marcos Sierras, Huerta Grande, Carlos Paz, Cosquín, Villa María, Chazón, Etruria, Justiniano Posse, Bell Ville, Morrison, Ballesteros, Las Varillas, Villa Concepción del Tío, Balnearia, Miramar, Porteña, La Para, Marull, Villa Santa Rosa, Alta Gracia, La Serranita, Santa Rosa de Calamuchita,  Villa del Dique, La Cruz y Córdoba Capital. Y salpicadito, México, Chile, Uruguay,  Misiones, Buenos Aires y Usuhaia. 

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AH… ¿ENTONCES NO HICISTE TODO EN BICI? … QUÉ TRAMPOSO!!!

Así es, no viajé sólo en bicicleta (aunque esa fue la intención original y así lo propagué a los cuatro vientos, no aprendo más). Después de esos meses de pedalear, subir a colectivos, autos, trenes, aviones (y bajar también, cuac), descubrí que siempre hubo algo que me llevó por más que cambiara de vehículo: los cuentos. Y descubrí también que no son los cuentos los que van en camino sino que soy yo el que anda VIAJANDO EN CUENTOS. 

¿Recorreré algún día la ruta 40 en bicicleta? No lo sé. La única certeza que me acompaña hoy es la de continuar el camino llevando historias. Sea en el vehículo que sea, sea que viaje lento o velozmente, sea que deje mi amada Córdoba por mucho tiempo o sólo por un momento. ¡Nos vemos en el camino!

mono